Transforming Productivity
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Hablando se entiende la gente: ¿por qué colaboramos mejor con personas que con máquinas?

Paradójicamente, cuanto más se usa la IA en el trabajo, más evidente resulta el valor de la colaboración humana. El mero hecho de hablar con los compañeros de trabajo ya es bueno para la salud y la productividad, así que las empresas están creando cada vez más espacios físicos que inviten al diálogo y a compartir ideas. Para quienes trabajan de forma remota, también es cada vez más fácil comunicarse. Gracias a la tecnología inteligente, que mejora las teleconferencias, las conversaciones virtuales se están volviendo habituales.

Hoy lo que está de moda es crear espacios sociales en el trabajo, con paseos y bonitas cafeterías que hacen que el entorno laboral se parezca más a un pueblo que a una oficina.

¿Pero por qué molestarse, si ya todos trabajamos de forma remota y flexible y nos reunimos virtualmente gracias a aplicaciones de colaboración como Microsoft Teams o Zoom Rooms? Hay quien piensa que, hoy en día, las oficinas son solo un lugar para celebrar reuniones trimestrales.

La verdad, como siempre, está en algún punto intermedio. Es cierto que nos dirigimos a una era profundamente digital en la que se trabajará en cualquier momento y lugar —una tendencia que se acentuará a medida que las nuevas generaciones vayan integrándose en la fuerza laboral—. Pero las empresas siguen reconociendo el valor de tener un centro de gravedad físico. A menudo, la sede corporativa es un símbolo de estatus importante: la expresión arquitectónica de la marca y sus valores.

El concepto de oficina social tiene, además, otra faceta mucho más importante, ya que está ligado a la experiencia, una palabra que hoy impregna todos los ámbitos empresariales.

Experiencia del usuario, experiencia del cliente, experiencia de los empleados... Todos estos aspectos se consideran fuentes esenciales de ingresos y factores que contribuyen a mejorar la fidelidad del cliente y la satisfacción y productividad de los empleados. Y, naturalmente, el lugar de trabajo es un elemento clave de la experiencia de los empleados.

Para los equipos de recursos humanos y operaciones, y para los arquitectos y especialistas en diseño de interiores con quienes colaboran, el desafío es combinar la nueva ética de trabajo itinerante con la naturaleza rígida del espacio de la oficina. El objetivo es fomentar una cultura de libertad, empoderamiento personal y colaboración ilimitada que impulse la innovación y la productividad.

Los entornos diáfanos, los escritorios compartidos, las redes inalámbricas y los dispositivos inteligentes y ultraportátiles llevan ya un tiempo entre nosotros. Pero, al parecer, el verdadero cambio cultural se produce cuando las empresas crean espacios de trabajo que se parecen más a pueblos o plazas que a la idea convencional de una oficina, aprovechando la tendencia natural del ser humano a relacionarse e interactuar con sus semejantes.

Se trata de una idea con fundamentos sólidos. La psicóloga Susan Pinker, autora de The Village Effect, destaca un estudio sobre agentes de centros de contacto según el cual los agentes podían ser un 20 % más productivos cuando se les animaba a relacionarse con más gente durante los descansos (en comparación con quienes tomaban descansos a solas). 

Asimismo, una investigación publicada en el Journal of Experimental Social Psychology parece indicar que hablar cara a cara con alguien aumenta 34 veces la probabilidad de obtener la respuesta deseada que enviarle un correo electrónico.

Sin embargo, el enorme interés que genera la experiencia de los empleados se debe en gran parte a su relación con conceptos como la gestión de la movilidad y la seguridad, el trabajo en casa, el uso de dispositivos personales con fines profesionales y otras tecnologías. De cara al futuro, lo mejor será crear lugares de trabajo que fomenten esa cultura de libertad y colaboración en la oficina, así como en los desplazamientos.

Las tecnologías como ThinkSmart Hub 500 son útiles en este sentido, pues hacen que sea mucho más fácil realizar teleconferencias y videoconferencias. Los empleados de oficina y aquellos que trabajan de forma remota pueden configurar y ejecutar sesiones de colaboración sin ninguno de los problemas de conexión y calidad que, muchas veces, convierten la colaboración en línea en una experiencia frustrante.

Poco a poco, la inteligencia artificial y la automatización de procesos se ocuparán de cada vez más tareas rutinarias. Llegado ese punto, es probable que los trabajadores del conocimiento tengan más tiempo para interactuar cara a cara, en lugar de estar atados a sus escritorios por un trabajo aburrido y laborioso. Si el entorno físico es adecuado, esta libertad para expresar nuestro lado social y humano puede desatar la inventiva y la ambición necesarias para impulsar el crecimiento y crear grandes experiencias, tanto para los clientes como para los empleados.